Como la estela de un pájaro...
Identidad/es entre puentes y cartografías


por Barbara Höffer (Copyright)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Silvina Der-Merguerditchian es coleccionista y cartógrafa. Sus hallazgos, aunque a primera vista un poco heterogéneos, todos ellos son signos y designaciones de la compleja figura de la identidad. Bajo la mirada nómade y a menudo microscópica de la artista, réplicas del ADN humano, fragmentos del plano de una ciudad- se transforman en paisajes y texturas singulares e irrepetibles. Así, compone un cartograma de múltiples nexos donde logra plasmar en variadas formas la íntima relación existente entre la memoria colectiva y la experiencia personal. Las obras de Silvina Der-Merguerditchian nos cuentan historias, a veces mediante la síntesis de diferentes códigos y técnicas, otras a la manera de un sobrio inventario en la tradición estética del archivo. Los documentos nacionales de identidad mediante su disposición en serie pierden su condición de registro oficial para transformarse en documentos de la memoria. Al mismo tiempo parecen ser precisamente los espacios libres de la obra “Muro este”- la ausencia de la identidad legalizada por el estado- aquellos que más información transmiten sobre el destino del individuo. Con un solo sello el estado puede quitarle validez a la propia identidad en forma oficial. En la instalación “Mi unificación” la artista reconstruye su historia personal sirviéndose de documentos oficiales: el permiso de residencia, el permiso de trabajo y el pasaporte. Mediante su ampliación y transferencia a una tela se incorporan a la categoría de “cuadro” logrando que el fondo de estos documentos, similar a un tejido, aparezca como una supuesta matriz. Sellos e inscripciones han dejado también aquí sus huellas. Estos se complementan, se reinscriben y en parte también se contrastan por medio de figuras esquemáticas de la biología de la reproducción humana. Metáfora del proceso de un desarrollo orgánico, las imágenes del esperma, el útero, o el feto en la matriz materna aparecen en una reciprocidad ambivalente frente al derecho a catalogar la vida
como instrumento de poder político.
Como transhumante entre diferentes culturas e identidades, la artista argentina residente en Berlín no cree estar sola en lo que respecta a su biografía personal, sino que se ubica fundamentalmente por su origen armenio en el rol de mediadora. No solo presenta a los armenios como un puente geográfico que une Europa y Asia, sino que destaca su autocomprensión como mediadores e intercesores que tras su persecución y genocidio devino en significado existencial y principio cogenerador de su identidad. La imagen del puente -la conexión de lo dispar- aparece como un hilo conductor en los últimos trabajos de Silvina Der-Meguerditchian. El escenario de estos encuentros es Berlín, símbolo de la separación y la incompatibilidad de dos sistemas. Así, el tríptico “La desatanudos” enlaza simbólicamente las dos mitades de la ciudad antiguamente dividida y, gracias a un aura religiosa concientemente elegida, le abre al espectador una puerta para entregarle a la ciudad sus buenos augurios. En lugar de un “muro en la cabeza”, la artista hace surgir puentes de huellas digitales o de documentos de identidad, que en su ordenamiento serial remiten a un Splitting así como también a una ampliación de la identidad. La secuencia ornamental del mismo símbolo de la identidad colectiva, como por ejemplo, el apretón de manos socialista en la obra “Puentes en el cielo” o las Puertas de Brandenburgo en “Las Puertas” es un medio estilístico esencial de la artista que cuestiona las fronteras entre símbolo y ornamento y remite a lo ornamenal en el arte armenio. Otra forma de recepción del arte nacional armenio se observa en los cuadros a crochet en los cuales la artista, mediante el tejido del crochet, enlaza fragmentos fotográficos de la memoria y documentos oficiales entretejiendo así la trama de una historia.El tema de los nexos, del vínculo de lo incompatible, llevan a Silvina Der-Meguerditchian a síntesis de materiales siempre nuevas y cada vez más osadas, donde se superponen diferentes capas y estructuras de técnicas muy heterogéneas o se combinan por ej. la impresión digital y el crayón graso. Aquí la identidad nunca deja de ser un patchwork de la memoria colectiva e individual, un puzzle de fragmentos diversos
y dispares, que nunca es arbitrario, sino siempre inconfundible.


<< back